Las puertas del Café GRILPP se abrieron esta vez para recibir una pregunta que cruza la práctica relacional, el lugar de las emociones del terapeuta en la práctica clínica. Al mismo tiempo que representa un aspecto identitario en el giro relacional en psicoanálisis, es a la vez un enigma a transitar en cada caso singular, en cada nueva experiencia analítica que concordamos compartir cuando aceptamos a un paciente en terapia.
Mucho se ha escrito en el acervo psicoanalítico sobre la subjetividad de la persona que ocupa el lugar del paciente en la díada terapeuta. Mucho menos en la complejidad de los movimientos en la subjetividad del terapeuta cuando lo que el paciente trae desafía los marcos establecidos en los cuales hemos sido entrenados. Donde la posición del saber queda excedida.
El aporte de nuestros colega Helder Chambel de Portugal y de nuestros colegas de IARPP Buenos Aires en la voz de Martín Forli, nos introdujeron en una temática compleja. El baile de las subjetividades en un encuentro terapéutico.
¿Cómo se hace? Pregunta capciosa, pues para quien espere un manual se verá prontamente decepcionado. En tiempos donde vemos una re entrada de antiguas posiciones de saber en salud mental, con la atomización de la práctica psicoterapéutica en siglas diagnósticas que dejan expuesto el espacio de la práctica terapéutica a la re-entrada de la figura del experto con su halo de poder, recoger la emocionalidad del terapeuta nos arroja una vez más a ese elemento diferencial de la práctica relacional. Cuando recibimos todo el espectro de la expresión de las huellas psíquicas de un paciente, inevitablemente tocará un aspecto de la vulnerabilidad de su terapeuta. Un momento donde pese a nuestro intento de aferrarnos a nuestros modelos, tendremos que admitir nuestro no-saber. Es este momento jugado, donde nos enfrentamos a la posibilidad de abrir la posibilidad de un campo intersubjetivo o cerrarlo.
El diálogo se desarrolló en torno a compartir estos momentos desafiantes, en un aprender en común, en tomar la experiencia de un otro-semejante-terapeuta en la experiencia de des-subjetivar aspectos del sí mismo, para permitir el surgimiento de nuevas coreografías en la experiencia de la repetición del sufrimiento de un paciente. Cómo lidiar e intentar una diferencia cuando la expresión de dolor psíquico es la rabia descargada sobre la subjetividad del terapeuta.
El diálogo se movió hacia la aceptación de la vulnerabilidad del terapeuta encarnada en el reconocimiento de ese no saber, que permite el uso de las propias huellas en el campo de la relación. Una aceptación ligada hacia la posibilidad de un llegar a saber. La expresión emocional (e-moción, el movimiento hacia el afuera del otro) en la sesión analítica es el permanente aprender a bailar, des-subjetivar para crear nuevas coreografías ante el sufrimiento de la existencia.
Fiel al espíritu de GRILPP, la invitación a seguir pensando quedó abierta. Y parece no menor recordar el ethos y espíritu del GRILPP, abierto, sin posiciones de experto, de libre acceso, no arancelado, molecular, dialogante, en permanente evolución. Un experimento comunitario hacia nuevas formas de hacer una comunidad internacional que encarne el deseo de la co-construcción, que interprete el conocimiento relacional y genere nuevo conocimiento desde las claves de nuestro propio lenguaje iberolatinoamericano, desde nuestra historia de subversión a los modelos de colonización que en nuestros tiempos amenazan en transformar nuestra práctica en otro negocio más y a los terapeutas en vendedores de un producto.
El Café GRILPP volverá a abrir sus puertas para que los terapeutas convertidos en contertulios, sigamos construyendo el conocimiento desde la vivencias compartidas de nuestras experiencias, Compartidas en el aroma de un café relacional.
Víctor Doñas
